jueves, 3 de noviembre de 2016

The Handmaid's Tale (El cuento de la criada), Margaret Atwood


Este es otro de los libros que tuve la suerte de poder leer en la carrera de filología inglesa. Tuvimos como asignatura "Literatura canadiense", y gracias a ella descubrí a varias autoras que pronto se convirtieron en favoritas. The Handmaid's Tale atrapa desde el primer momento, desde la primera página, pero no es un libro que se lea rápido. Al menos yo lo he bajado en más de una ocasión, la cabeza a punto de explotar con imágenes y sensaciones que, aunque distópicas (creo que acabo de inventarme una palabra), parecen no solo reales sino posibles.

La novela nos describe una sociedad futura y a la vez pasada. Futura, porque era el futuro de Margaret Atwood cuando escribió la novela, pero, a diferencia de distopías que se dan décadas o siglos más tarde que el momento real de la escritura, en este caso apenas se adelantó unos años en el futuro. Esta sociedad, situada en lo que antes era conocido como Estados Unidos, acaba de nacer; en ella, las mujeres han perdido todos sus derechos y han sido divididas dependiendo de su capacidad reproductiva y su estatus social. Están las Esposas, cuyo único objetivo en la vida es ser "mujer de", asegurarse de que el servicio haga bien sus tareas y hacer eternas bufandas (eso las clases altas: las Econoesposas tienen que hacerlo todo ellas, y hasta en la ropa se las distingue). Están las Martas, las cocineras y criadas de toda la vida. Y están las Doncellas: mujeres que aún son fértiles pero cometieron algún tipo de "pecado" en su vida pasada (antes de fundarse la nueva sociedad), como divorciarse o tener hijos fuera del matrimonio. Su labor es procrear para los Comandantes y sus Esposas, tener hijos que darles y así, con suerte, no ser enviadas a las Colonias, donde la esperanza de vida nunca es superior a tres años. Este nuevo mundo se llama Gilead y está en guerra con los infieles, o sea, cualquiera que no piense como ellos o profese la religión que a ellos les parece adecuada. Todos las leyes de la nueva república tienen carácter retroactivo, y todo aquel que haya llevado a cabo un aborto, o se haya divorciado, o haya siquiera vendido revistas eróticas tiene que purgar sus crímenes. La Pared está siempre llena de cuerpos sin vida expuestos para que todo el mundo entienda que nadie puede escapar. Hay Ojos por todas partes. A las Doncellas ni siquiera se las permite hablar entre ellas.

La historia está escrita con una maestría tal del tiempo narrativo y entremezcla tantas historias que resumirla aquí me da hasta vergüenza. Offred, a través de cuya voz escuchamos sus vivencias, busca la manera de no volverse loca, de salir de su situación, de recuperar a su hija y a su pareja, a quien cree muerto. En ningún momento da su nombre real y es muy consciente de que no es la primera Offred de esa casa por un mensaje que ha encontrado (Offred: of Fred. De Fred, propiedad de su Comandante). Su esperanza de salir de la situación en la que se encuentra es mínima, pero te mantiene pegada a la página, porque no puedes creer que una persona haya perdido tanto. El capítulo final, una especie de epílogo que aclara cualquier duda que nos pudiera quedar sobre Gilead, es terrorífico: Gilead duró muchos años después de que la historia de Offred terminara.

Me gustan leer este tipo de libros en los que el mundo parece llegar a su fin, sobre todo porque pienso que eso nunca podrá pasar, que la gente de la calle se levantará y no lo permitirá. Pero entonces veo las noticias, o leo la última ley injusta que nos están colando por la escuadra, y me planteo que quizás Orwell, Atwood o Huxley eran (son) en realidad unos visionarios a quien deberíamos hacer más caso. Demasiadas de las cosas que se cuentan en este libro me parecen posibles ya.

domingo, 23 de octubre de 2016

A History of the World in 10 1/2 Chapters , Julian Barnes


Si algo bueno salió de mi esfuerzo por sacarme la licenciatura de Filología Inglesa a distancia, mientras trabajaba y aunque realmente no la necesitara, fue todos los maravillosos libros que descubrí gracias a las asignaturas de literatura. Este en concreto fue lectura obligada en el último año, y guardaba tan buen recuerdo de él que no he podido evitar releerlo.

A History of the World in 101/2 chapters es una colección de historias que son a a veces sátira, a veces rigurosamente históricas (o eso parece), a veces serias y a veces casi esperpénticas. En diez capítulos y un regalo (porque es más que media historia, es una maravilla), Julian Barnes nos hace un resumen de la historia del mundo recurriendo siempre a pasajes bíblicos y autorreferenciándose a sí mismo (permítaseme el palabro, no sé si existe), de manera que todas las historias están relacionadas y tenemos un sentido de unidad, casi de novela. Empieza con la historia del Arca de Noé, donde ya apunta maneras y hace que se me salten las lágrimas de la risa en un par de párrafos. Según el narrador, cuya identidad estará oculta hasta la última palabra de la historia, la dichosa arca no era una sola embarcación, sino una flotilla, porque ¿a quién se le ocurre pensar siquiera que todos los animales iban a caber en un solo barco? Y lo de llover cuarenta días y cuarenta noches, ¡ja! "Eso sería un típico verano inglés", nos dice el narrador (y aquí suelto yo la carcajada y añado "o vasco", porque tela). Noé y su familia se presentan como una panda de glotones avariciosos y borrachos que se encargan de hacer desaparecer a un montón de criaturas que hoy en día consideramos mitológicas, pero que en realidad terminaron en la cazuela o tirados por la borda, porque a Noé no le gustaba demasiado eso de la mezcla entre razas. Decir que toda la primera historia es una blasfemia divertidísima es quedarme corta.

Hay historias más serias, aunque siempre con toques de humor, que es lo que para mí define a Barnes. Podemos encontrarnos en un crucero que es atacado por un grupo terrorista, o de expedición al monte Ararat en busca del Arca, o la preciosa historia del hundimiento de la embarcación Medusa en las costas senegalesas y la interpretación que de este hecho hace Gerricault. Pero a mí, personalmente, las historias que más me gustan (aparte de la primera, que me parece hilarante) son, primero, el capítulo que le dedica a su mujer y que habla de la función del amor como elemento que define al ser humano (para quien no lo sepa, la mujer de Julian Barnes murió hace unos años y él estuvo muy, muy jodido; en el relato se ve hasta qué punto tuvo que marcarle su muerte); y segundo, su descripción del cielo en la última historia, que, aunque me deja algo inquieta, me parece una mirada tan optimista que me sorprendo a mí misma queriendo que tenga razón. Encaja tan bien con lo que a mí me gustaría creer si creyera en algo que a veces pienso que Julian y yo seríamos grandes amigos, aunque otras veces pienso que estaría tan encandilada con su personalidad, su habilidad para contar cosas y su acento que no podría hacer más que mirarle, embobada.

Hay autores de los que, sencillamente, me leería hasta la lista de la compra, y Barnes es uno de ellos. No hay libro suyo que haya leído que me haya decepcionado, y dudo mucho de que este hombre sea capaz de cagarla al escribir. Que su nombre no suela estar en las quinielas para el Nobel es algo que me aterra; no entiendo cómo, habiendo gente que escribe como él, pueden dárselo a un cantante, por muy de poeta que vaya (pero este es un tema para otro momento). Espero con ansia su nueva novela, que en estos momentos está camino de mi casa pero se ha debido perder en algún rincón. Qué difícil me ponen a veces leer en inglés.


lunes, 17 de octubre de 2016

The Girl on the Train, Paula Hawkins


Sí, ya sé que llego tarde con este libro. Llego tan tarde, de hecho, que parece que me estoy aprovechando del estreno de la versión cinematográfica, pero os juro que ha sido solo casualidad. Lo que pasa es que yo no suelo comprar los libros de tapa dura porque tengo como estricta norma no gastarme más de diez euros en cada libro (a no ser que sea alguna autora que conozco, o un libro que me ha recomendado gente que me conoce bien y sé que me va a gustar, o uno de los libros del Irakurle Kluba). Teniendo en cuenta que cada vez que entro en una librería nunca salgo con menos de cuatro libros, esta norma es la única manera de asegurarme de poder comer todos los días.

Pero al final ha caído, porque siempre pico con los bestsellers, por más que maldiga de ellos, y si son de novela negra más todavía. Sinceramente no sabía de qué iba la historia, más allá de que la pasajera de un tren es testigo de algo que ocurre al otro lado de su ventana, y me sorprendió gratamente nada más empezar a leer. Escrita en primera persona, la novela nos introduce de lleno en las vidas de Rachel, Anna y Megan, tres mujeres que tienen mucho más en común de lo que piensan en un primer momento. Rachel es alcohólica, está divorciada y se ha quedado sin trabajo; Anna es la nueva mujer de su marido, con la que él ya se acostaba antes de divorciarse y a quien dejó embarazada cuando Rachel no podía tener hijos; y Megan es vecina de Anna, a la que Rachel no llegó a conocer porque se mudó al barrio con su marido después de que ella se marchara. A Rachel le gusta ver a Megan desde la ventana del tren. Le ha imaginado una vida perfecta, la que tenía ella con su ex-marido, y por eso, cuando Megan desaparece, siente el deseo de saber qué ha pasado y ayudar en la investigación. Pero claro, ¿quién va a creer a una borracha que sigue rondando a su ex-marido aunque él le ha dejado claro que no quiere volver a verla? Por muy valioso que sea lo que tiene que decir, nadie la cree. De hecho, ni ella misma confía en sus actos. El día que Megan desapareció ella estaba en el barrio, tan borracha que no recuerda nada. ¿Qué paso? ¿Qué parte de responsabilidad tiene ella?

La chica del tren es una novela ágil y entretenida que sabe labrar muy bien las personalidades de sus protagonistas. A base de pinceladas las vamos conociendo, a ellas y a quienes las rodean, y nos damos cuenta de que nadie es perfecto, que todo el mundo cojea por algún lado. El caso de Rachel parece obvio, pero pronto vemos el tipo de persona que es Anna, y no digamos ya Megan. ¿Y sus maridos? No es oro todo lo que reluce. Rachel tiene que hacer un esfuerzo por recordar, porque en su mente se guarda la clave de lo que ocurrió.

Aunque me ha resultado una novela entretenida, no creo que me pillen en el cine viendo la película. Tampoco es que sea de los libros que dejan huella, y ha vuelto a cansarme el tema de la maternidad. ¿Por qué siempre que la protagonista es una mujer se tiene que hablar de su capacidad o falta de ella para tener hijos? En un momento de la novela, Rachel dice algo así como "una mujer es juzgada por su físico y por sus hijos; yo no soy madre y soy fea, así que no valgo nada". Toma. Y no digo yo que no sea lícito poner algo así en boca de un personaje femenino, pero es que me resulta ya muy repetitivo.

Con todo, una buena forma de pasar el tiempo. Lectura perfecta para no pensar demasiado (y pillar al asesino en el primer cuarto del libro).


                                                                  

domingo, 2 de octubre de 2016

Cinco horas con Mario, Miguel Delibes


No leía este libro desde el instituto, pero llevaba años queriendo hincarle el diente otra vez. Aunque tenía apenas dieciséis o diecisiete años cuando lo leí, me dejó un regusto muy agradable, por más que mis compañeras y compañeros de clase maldijeran a la "chapas" de la viuda que se pasaba la noche hablando y recordando toda su vida. Ahora me doy cuenta de que, a pesar de que me gustó, no capté ni la décima parte de los múltiples significados que tiene este libro. Por suerte, siempre se puede volver a ellos cuando ya tienes la capacidad de entenderlos.

Carmen y Mario son un matrimonio de opuestos. Él es liberal, un librepensador, alguien con unos principios muy férreos que no se deja comprar en una sociedad en la que los amigos valen más que los títulos, como bien le recuerda su mujer en el velatorio. Aunque no se le define como tal, no a las claras, sus actos y pensamientos coinciden con los republicanos y es muy crítico con el régimen de Franco. Carmen, por contra, es una mujer chapada a la antigua, de familia "bien", que no comprende a su marido y no ve nada malo en aceptar cargos, regalos o favores, porque se tiene por especial, diferente, por encima de la media. Es seguidora del régimen, como su padre, como quieren que sean sus hijos e hijas. Él, escritor y filósofo, escribe de manera que solo unos pocos tienen alcance a sus libros. Carmen no es una de ellas. No entiende a su marido, no comparte sus principios, no logra comprender por qué no escribe novelas de amor en lugar de historias sobre soldados a los que les duelen los pies. En el velatorio de Mario, Carmen se pasa cinco horas echándole en cara una vida llena de estrecheces, de desprecios, de angustias. Ninguno de los dos ha sido feliz en su matrimonio. Se querían, pero no se entendían.

Cuando lo leí allende los tiempos, mi conexión con Mario fue total. Pobre hombre, pensaba, cómo ha aguantado a esta pesada tanto tiempo, hay que ver qué ideas más retrógradas, franquista asquerosa. Pero esta vez, mi lectura ha sido completamente distinta, igual que la del propio Delibes, que prologó la edición de 2008 y se puso del lado de Menchu. Como el mismo autor dice, Mario nunca intentó explicarle las cosas a su mujer. Nunca se esforzó por educarla, por tratarla como a una igual; desde el principio tuvo que ver qué tipo de educación tenía ella, de qué tipo de casa venía, entonces ¿por qué se casó con ella, si es obvio que despreciaba sus ideas, sus creencias? ¿Por qué no le explicó las cosas desde su punto de vista en lugar de ignorarla y tratarla como si fuera estúpida? Porque no habría habido novela, como dice Delibes. Pero Mario hubiera sido mucho mejor marido.

Me sorprende mucho que un libro como este escapara a la censura franquista, aunque supongo que se puede leer como una crítica a todos los contrarios al régimen (al fin y al cabo Mario ha muerto, la que sobrevive es Carmen, cuya voz oímos criticando todo lo que criticaba el régimen). Trata temas como el sexo, la homosexualidad (muy de refilón, pero ahí está), la educación de las mujeres, las relaciones extramatrimoniales, la lucha de clases, y lo hace todo con tal tacto que parece que son, simplemente, las palabras de una ama de casa amargada e insatisfecha, porque hay que ver el bueno de Mario qué caso le hacía a su mujer. Es, ni más ni menos, uno de esos libros que, al acabarlos, te deja un vacío dentro, porque sabes que te va a ser difícil encontrar algo tan maravilloso que llevarte a los ojos de nuevo. Ese "a ver qué leo yo ahora" es, probablemente, el mejor sabor de boca que te puede dejar un libro.

viernes, 16 de septiembre de 2016

El guardián invisible, Dolores Redondo


Me ha costado años leer este libro. No quiero decir que me haya costado terminarlo en el sentido literal, sino que lo tengo fichado desde que salió pero me he resistido bastante a leerlo. Hace ya un tiempo lo encontré en el puesto que la librería Negra y Criminal colocaba todos los veranos en la Semana Negra de Gijón, y pregunté a los libreros si lo recomendaban. Había tres, y los tres me hicieron un mohín de desaprobación. "Mi mujer es navarra", me dijo uno, "y no le ha gustado nada cómo habla del Baztan, no se ha visto para nada identificada. Además, fíjate en los componentes: policía foral formada en Quantico por el FBI y criaturas fantásticas de la mitología vasco-navarra". Decidí no comprarlo y me olvidé de él, pero antes del verano encontré la edición de bolsillo y terminó cayendo. Me ha durado poco más de una semana, lo que en sí no es mala señal. Aunque a veces ser lectura fácil no es suficiente.

La verdad es que no puedo decir que me haya dejado un buen sabor de boca. La historia y los asesinatos de la trama están muy bien traídos y, a diferencia de la mujer navarra del librero, a mí sí que me parece que trata bien el Baztan y Elizondo, lo poco que conozco de la zona. Lo de los seres mitológicos está cogido un poco por los pelos y no creo que esté muy bien hecho, pero esto ya es opinión personal. Hay que tener muy buena mano para meter trazas de realismo mágico en una historia, y creo que Redondo no la tiene. Que de repente la investigadora se encuentre con Mari en lo alto de la montaña o que todo el mundo vea al basajaun e incluso lo graben en vídeo me parece rizar demasiado el rizo. No se me hace creíble, no me ha gustado. Pero es un detalle que podría pasar por alto si otras cosas hubieran estado mejor escritas.

Y con otras cosas me refiero a los personajes y a los diálogos. Empezamos con la protagonista, la inspectora Amaia Salazar, que no sé yo si se parecerá físicamente a Dolores Redondo pero parece el típico personaje hecho para que la escritora pueda retratarse en su obra. Todo lo hace bien, nunca se equivoca e incluso consigue controlar su mala leche cuando su hermana la trata como a un trapo viejo (he querido matar a Flora; la he querido ver muerta en el suelo). Eso sí, en ningún momento se nos deja olvidar que es mujer, su género condiciona cada uno de sus movimientos. Desde el principio vemos que su  mayor obsesión es ser madre y todo lo que hace termina volviendo al hecho de que no consigue quedarse embarazada. Su matrimonio es maravilloso, su marido es un sol, pero ella se siente vacía porque no puede tener hijos. Este tema es recurrente en todo el libro; todos los personajes femeninos están condicionados por su capacidad o falta de ella para ser madres, y uno de ellos llega a decir lo que la autora no parece atreverse a poner el boca de la voz narradora: una mujer en edad fértil sin hijos está incompleta. Toma ya. Yo, fértil y sin hijos, no he podido evitar soltar una carcajada al leer semejante gilipollez.

En lo que respecta a los diálogos y la voz de los personajes, me ha repateado mucho la manera que tienen todos de soltar peroratas llenas de metáforas e imágenes que ni las de García Lorca. En una escena, una madre que acaba de perder a su hija coge a Salazar de la mano y le suelta un discurso de dos páginas (¡dos!) sobre cómo ella fue madre con el corazón, porque adoptó a su hija cuando vio que no podía tener hijos, y el vacío que le queda ahora que la han matado. Que no digo yo que una madre no sienta todo eso, pero no se lo sueltas a una extraña en mitad de la escalera cuando estás hasta el cuello de calmantes para poder sobrevivir. No se me hace creíble.

El otro detalle que no me encaja es el hecho de que Amaia no le haya contado a su marido el suceso más importante de toda su vida: cuando tenía nueve años, su madre intentó matarla. Llevan cinco años casados y nunca ha salido el tema, hasta que lo saca la tía de Amaia. Según Amaia, lo tenía olvidado, como bloqueado en su mente. No me lo creo, lo siento, por muy cerrada que ella sea, por muy poco que vea a su familia. Se supone que es una pareja que se lo cuenta todo, ¿no? Algo no encaja.

En resumen: lectura rápida, pero no para leer con cuidado fijándose en detalles, porque no están bien pulidos. No sé si terminaré con la trilogía, más que nada porque le he cogido manía a la protagonista y al estilo de escritura. Pero hay que reconocer que para las tardes vacías de verano no está tan mal, aunque no termino de entender qué es lo que ha convertido este libro en super ventas.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Harry Potter and the Cursed Child, JK Rowling, John Tiffany, Jack Thorne


Pocas veces me he enfadado tanto con un libro. Que yo recuerde, solo una vez antes he deseado lanzar un libro contra la pared, pisotearlo y destrozarlo, gritarle varios improperios al autor y exigir la devolución de mi tiempo y mi dinero. En este caso, por suerte, la inversión en horas ha sido mínima, aunque el libro me ha costado un precio exorbitante para la calidad que me ha ofrecido después. Pero sobre todo me da rabia que me hayan arrancado la ilusión de semejante manera. ¡Que es Harry Potter, joder! ¡Con las cosas serias no se juega!

Quizás sea que he leído una historia que está pensada para otro medio. Me imagino que leer un guión cinematográfico no tiene nada que ver con ver la película, pero, aparte de que los medios sean diferentes, la historia me ha parecido nefasta, los personajes inconsistentes con los que ya conocemos, y la resolución del conflicto... Dios mío, no sabía si reír o llorar de pena. Por favor, qué malo.

OS ADVIERTO DE QUE A PARTIR DE AHORA VAN A CAER SPOILERS A CASCOPORRO. SI NO OS HABÉIS LEÍDO EL LIBRO Y QUERÉIS HACERLO (COSA QUE NO OS RECOMIENDO), DEJAD DE LEER AHORA.

La historia se centra en Albus Severus Potter (pobre crío, vaya nombre) y su mejor amigo, Scorpius Malfoy. Igual que Harry y Ron, se conocen en el tren camino a Hogwarts, y quiere la casualidad (y el sorting hat) que los dos terminen en Slytherin. Esto hace que la gente mire raro a Albus. ¿Un Potter en Sytherin? No puede ser, algo malo hay en él. También rumorean que Scorpius es, en realidad, hijo de Voldemort en lugar de Draco, que sus padres viajaron al pasado (???????) para que su madre pudiera engendrar un hijo. Así, los dos son unos marginados en el colegio, y eso hace que Albus odie Hogwarts. Encima tiene una adolescencia horrible y se lleva fatal con su padre, aunque los personajes están tan mal definidos que una no termina de entender por qué demonios se llevan tan mal, aparte de ser necesario para una historia que no se sostiene ni con alfileres.

No quiero enrollarme con el argumento, pero es tan malo que no puedo dejar de hablar de él. La trama se desarrolla alrededor de viajes al pasado. Albus quiere salvar a Cedric Digory porque no le parece bien que tanta gente muriera por su padre, y Cedric es la víctima más inocente de todas (simplemente era el sobrante, the spare). Pero como Albus no es Hermione y el niño parece tonto, cada vez que viajan al pasado (¡¡cuatro veces!!) la lían más, hasta el punto de volver a un presente en el que Harry ha muerto, Albus Severus no ha nacido, Voldemort es el rey y, ¡ay!, Snape está vivo (aunque pronto se encarga Scorpius de liarla y que se lo carguen). Descubren que Voldemort tuvo una hija con Bellatrix (¡¿CUÁNDO SE HA VISTO A BELLATRIX EMBARAZADA?!) que nació poco antes de la batalla de Hogwarts y quiere cambiar el pasado para que su padre sobreviva. Se agarra a una profecía (que no se explica de dónde ha salido) y, al no cumplirse, se da cuenta de que la profecía anterior que supuso la casi derrota de Voldemort cuando Harry era un bebé también se puede cambiar. Y, a pesar de que ya en el quinto libro queda claro que todos los medios de viajar al pasado han sido destruidos, empiezan a salir time-turners hasta de debajo de las piedras y todos se juntan en alegre biribilketa en Godric's Hollow la noche de Halloween de 1981. Derrotan a la hija, Harry deja morir a sus padres para que la profecía pueda cumplirse y nos tratan a todos de idiotas porque van descubriendo cosas por el camino que cualquiera que haya visto Regreso al futuro sabe desde los ochenta. Insultante, vamos.

Me ha enfadado mucho este libro. Los personajes son malos a matar; Snape, ¡mi Snape!, es tan poco consistente con los libros anteriores que le grité a la página. "Si consigues que Albus Severus vuelva a existir, dile que estoy orgulloso de que lleve mi nombre". ¡¿POR QUÉ?! ¡¡SI NO LO CONOCES!! ¡¡SI ES UN JODIDO LIANTE QUE CASI SE CARGA EL MUNDO!! Harry está irreconocible en su estulticia, Ron parece un payaso tonto, Hermione ha perdido toda su gracia, y Scorpius... Dios mío, han intentado juntar a Hermione y Ron en un solo personaje y el resultado es tan penoso que dan ganas de llorar. No se salva nadie, NADIE, de la quema. No hay nada en toda la historia que haya valido la pena las tres horas que he pasado con ella. Me siento estafada.

La saga de Harry Potter se acabó con el séptimo libro, alargarla solo va a hacerle daño. Me parece muy bien que saquen todos los spin-offs que quieran de personajes remotamente relacionados con la historia, o un recopilatorio de información sobre Hogwarts. Pero la historia ya ha acabado. Harry Potter es un cuarentón con tres hijos que que vive una vida suburbana feliz y se dedica a sus labores, ya está. La cicatriz no duele, Voldemort ha muerto y no hay manera de que vuelva. No. Hay. Manera. Por favor. Forzar algo así es ridículo, y el hecho de que el nombre de JK Rowling esté detrás de esta historia me apena mucho.

Resumiendo: en una escala del uno al diez, le doy un -20. Siendo generosa.

lunes, 22 de agosto de 2016

El resplandor, Stephen King


Estoy tomando por costumbre leer a King en vacaciones, y la verdad, ya podían ser todas mis costumbres tan buenas como esta. Hace un par de años fue It, y este verano han caído Carrie y El resplandor, todas en inglés. Y es que el miedo que pasas cuando Jack persigue a Danny por los pasillos del hotel Overlook no es tal cuando tú estás en la playa o en una terracita con una cerveza.

Hace poco leí en algún sitio (sería Facebook, últimamente todo lo que leo lo saco de Facebook; por cierto, ¿os he dicho que tengo página y que me podéis seguir? Dadle aquí y luego a me gusta, anda) una de esas listas estilo "10 cosas que nunca supiste de la película El resplandor", y una de ellas era que Stephen King odiaba a muerte la película, hasta el punto de hacer él su propia mini-serie. Una de las razones de este rechazo era el personaje de Wendy, la madre del pequeño, que a King le parecía una histérica y una representación muy misógina del personaje. Después de leer el libro, lo que me sorprende es que solo criticara la película por eso, porque la verdad es que cualquier parecido con el libro es casi coincidencia. Más allá de que hay una familia de tres miembros cuidando un hotel, las dos historias son completamente distintas. Ni gemelas, ni laberinto, ni gritos cada dos por tres.

Vaya por delante que me encanta la película, pero creo que en este caso hay que ver el libro y la versión cinematográfica como productos distintos. En el libro, el protagonista es el pequeño Danny, que tiene la capacidad de ver cosas en el futuro, leer las mentes de sus padres, saber cuando alguien miente o incluso lo que están pensando. Su padre, Jack, es un escritor alcohólico en rehabilitación con unos arranques de violencia que no siempre puede controlar, pero que se tiene por hombre bueno (aunque a mí me parece un cabrón desde el principio). Wendy es una mujer acorralada que no puede dejar a su marido porque no tiene dónde caerse muerta, y volver con su abusiva madre terminaría con sus nervios. Pero no solo están ellos, sino gente como Dick Halloran, que apenas sale en la película y es crucial para entender la historia, o el mismísimo hotel, que tiene un protagonismo muy superior al que tiene en la película. Es el hotel el que posee a Jack, el que le hace perseguir a su mujer y a su hijo; incluso Danny y Wendy se dan cuenta de que Jack no es así, de que hay una fuerza detrás que le impulsa a actuar como lo hace. A diferencia del libro, no hay carreras por los pasillos (aunque sí hachazos en puertas), no hay escondites secretos, no hay bonitas frases hechas en una maquina de escribir. Pero sí hay fiestas de fantasmas, martinis que aparecen donde antes no había alcohol, señoras podridas que llevan muertas en la bañera demasiado tiempo. Y premoniciones. Y un niño de cinco años que te lo hace pasar muy mal. Y REDRUM, mucho REDRUM.

En resumen, gran libro, gran historia. La película también, pero como versión del libro, un "inspirado en" que me recuerda al Extraños en un tren de Hitchcock y de Highsmith (nada que ver tampoco, y aquí, a mi gusto, gana la película). Perfecta lectura de verano, porque cuando una está de vacaciones
¿qué otra cosa puede leer?