domingo, 18 de junio de 2017

Middlesex, Jeffrey Eugenides


Este libro me lo regaló una amiga cuando todavía vivía en Estados Unidos. Me dijo que se lo habían recomendado y que había oído muy buenas críticas de él, que era un premio Pulitzer del que se estaba hablando mucho. Le di las gracias y lo dejé en la estantería, cogiendo polvo, porque en aquel momento la sinopsis no me llamó nada. La primera vez que lo leí fue años más tarde, cuando ya había vuelto a vivir a Vitoria (solo me lo traje conmigo porque era un regalo, a punto estuve de dejarlo atrás). Y me enamoré perdidamente. No del personaje ni del autor: del libro. Porque es una joya como hay pocas.  

Middlesex cuenta la historia de un (una) hermafrodita que va descubriendo su condición a lo largo del libro. Aunque parezca que os acabo de hacer un spoiler como una casa, Eugenides deja clara la premisa desde el primer párrafo del libro, así que no os he destripado nada (mi versión es en inglés y así van las citas, pero creo que se entienden muy bien): 

I was born twice: first, as a baby girl, on a remarkably smogless Detroit day in January of 1960; and then again, as a teenage boy, in an emergency room near Petoskey, Michigan, in August of 1974. Specialized reader may have come across me in Dr. Peter Luce's study, "Gender Identity in 5-Alpha-Reductase Pseudohermaphrodites", published in the Journal of Pediatric Enodcrinology in 1975. Or maybe you've seen my photograph in chapter sixteen of the now sadly outdated Genetics and Heredity. That's me on page 578, standing naked beside a height chart with a black box covering my eyes. 

Solo con este comienzo, que tiene que ser uno de los mejores primeros párrafos en la historia de la literatura, ya nos damos cuenta de que esta no va a ser una historia normal. El dichoso "macguffin" del que hablaba Hitchcock se nos desvela desde el primer momento, y Cal Stephanides lo utiliza para contarnos ya no su historia, sino la de su familia, o más concretamente la del gen que la ha (lo ha) llevado a ser como es. A través de las más de quinientas páginas de la novela, viajaremos a Turquía y Grecia para coger un barco que nos lleve a Detroit. Conoceremos la historia de Desdemona y Lefty Stephanides, de quienes no voy a contar más porque, a pesar de que se desvela al comienzo del libro, me parece la parte más bonita de la historia y prefiero que lo descubráis leyéndola. El gen mutante que arrastra una deficiencia hormonal encontrará a su par recesivo en el matrimonio entre Milton y Tessie, y de esta mezcla explosiva saldrá Calliope, más tarde Cal, que, a sus cuarenta y un años y viviendo ya como hombre en Berlín, se ve con fuerzas de contarnos lo que ha vivido.

Pero lo que me engancha de este libro no es solo la preciosa historia, sino el propio lenguaje que Eugenides emplea para contarla. Tiene una habilidad increíble para que sus descripciones sean casi líricas, pero al mismo tiempo consigue que no entorpezcan la narración. No utiliza un vocabulario rebuscado, no tiene una gramática compleja, y aun así en más de una ocasión he tenido que apartar la vista del libro y soltar un "wow" para mis adentros. (Sí: cuando leo en inglés, mis interjecciones son en inglés. Qué le vamos a hacer.) De esta manera tan preciosísima, por ejemplo, describe el dolor de un personaje al perder a su marido:

(...) Then she undressed. She took off her black dress and hung it in the garment bag full of mothballs. She returned her shoes to the box from Penney's. After putting on her nightgown, she rinsed out her panty hose in the bathroom and hung them over the shower rod. And then, even though it was only three in the afternoon, she got into bed. For the next ten years, except for a bath every Friday, she never got out again. 
El mejor ejemplo de "show, don't tell" que he leído nunca.

Otra de las cosas que me encantan de este libro es la habilidad que tiene para contar aspectos de la vida de una chica adolescente. Eugenides logra que su personaje describa con detalles precisos cómo es crecer siendo chica, desde los complejos que tiene una adolescente a los trucos para ponerte un sujetador sin quitarte la camiseta (o cómo vas dejando pelos por toda la casa cuando tienes una melena larga, que me hizo muchísima gracia). A pesar de que la historia que cuenta tiene más de drama que de comedia, también consigue hacerte sonreír con determinados pasajes, y muchos de los personajes recuerdan un poco a los de "Mi gran boda griega" y su humor casi surrealista. Y además de todo esto, trata temas como la inmigración, la asimilación de las primeras generaciones, qué significa ser americano o con qué país se identifican los hijos de inmigrantes. (Hay más temas, pero dan para una tesis. Leedlo. Por favor.)

La historia es tan intensa que el final resulta casi decepcionante, porque termina en calma en contraste con la explosión constante que ha sido el resto del libro. Es cierto que la primera vez que lo leí me quedé un poco extrañada y me dio la sensación de que faltaba algo, pero tras dos relecturas más (¿os he dicho que me encanta este libro?) empiezo a pensar que Eugenides lo hizo a propósito. La historia de Calliope/Cal deja de tener importancia cuando logra una estabilidad. Cuando por fin hace las paces consigo misma/o, el relato ha terminado, ha llegado la calma. Y eso es lo que reflejan las últimas páginas del libro. 

En resumen: una maravilla. Un libro espectacular con una trama compleja y una forma de narrar que debería ser modelo en las universidades (que seguro que lo es ya). Con este libro me hice fan de Eugenides y he leído todo lo que ha escrito; aunque no se puede negar que es un maestro en lo que hace, nada de lo que ha escrito después llega a la altura de esta novela. Solo Las vírgenes suicidas llega a acercársele, pero ese es anterior (creo). Y ni aún así. 

No sé qué hacéis que no lo estáis leyendo ya. 

martes, 6 de junio de 2017

Saga Dos amigas, Elena Ferrante


Lo reconozco: a veces me dejo engatusar por las modas y los best-sellers. A veces pico, sí, y me salto mi estricta norma de "máximo diez euros por libro" que me ayuda a llegar a fin de mes cuando arramblo con media docena de libros en la librería, y termino cediendo y gastando veinte eurazos en un libro nuevo porque es lo que todo el mundo está leyendo y yo también quiero opinar sobre él. Cuando hago eso, la suerte puede variar: a veces acierto, a veces no. Con la saga Dos amigas creo que es justo decir que he acertado a medias. 

En estos cuatro libros, la escritora que se oculta tras el pseudónimo de Elena Ferrante nos cuenta la historia de Lenù (Elena Greco) y Lila (Rafaella Cerullo), dos niñas nacidas en los cuarenta en un barrio de Nápoles, desde el punto de vista en primera persona de Lenú. Las conocemos de niñas y seguimos sus juegos desde el momento en el que Lila tira la muñeca de Lenù al patio de don Achille, un hombre con fama de avaro, ogro y poco menos que un monstruo. Las dos van a la casa de ese hombre que tanto miedo les da a recuperar sus muñecas, pero parecen haber desaparecido. Don Achille les da dinero para que se compren otras muñecas; en su lugar, Lenù y Lila se compran un libro: Mujercitas. El sueño de ambas es convertirse en escritoras y vivir de lo que escriben. 

Sin embargo, las dos recorrerán caminos muy distintos, aun sin salir del barrio. La maestra de la escuela en la que las dos destacan quiere que estudien y trata de convencer a las familias de ambas de que las mantengan en la escuela; con Lenù lo consigue, pero con Lila no, a pesar de que Lenù está segura de que la lista es su amiga. Para Lenù, Lila es capaz de hacer todo mejor que ella, casi sin proponérselo, pero la propia Lila parece pensar de otra manera, aunque nunca conseguiremos entrar en su cabeza. La conocemos a ella y a todos los personajes de sus vidas a través de los ojos de Lenù, que, por supuesto, cumple su sueño de ser escritora (y, claro, termina escribiendo el libro que tenemos entre manos).

La relación de ambas es lo que guía las cuatro novelas, con resultados diferentes en cada una de ellas. He de reconocer que La amiga estupenda me gustó mucho y me cautivó lo suficiente para salir corriendo a comprar la segunda, y Un mal nombre tuvo un efecto muy parecido. Su estilo, su manera de escribir, las descripciones y la forma de presentar un entorno que tan pocas veces vemos en la literatura contemporánea me hechizaron desde el primer momento. Algunas de las imágenes que utiliza, sus descripciones, me parecieron sublimes, y me arrepentí de no haber leído estos dos libros con un lápiz para subrayar mis trozos favoritos, como hago a veces. Me vi identificada en muchas de las cosas que la Lenù adolescente pensaba y hacía. 

Pero tanto Las deudas del cuerpo como La niña perdida me parecieron bastante más simples, peor escritas. O quizás fue que estaba empalagada de la atmósfera (aunque no las leí seguidas, precisamente para evitar hartarme), que el estilo de Ferrante engatusa en la primera lectura pero luego destiñe, o que, sencillamente, me apetecía cambiar de libro y no lo hice por terminar la saga. Lo que sí sé es que empecé a enfadarme con la protagonista. Lenù empezó a actuar de forma que no tenía sentido con el personaje que yo me había creado en la cabeza, o es que quizás hasta ese momento había empatizado tanto con ella que no entendí sus actos porque yo no lo hubiera hecho así (me pasa a menudo). Lo cierto es que no me pesó despedirme de ellas y cerré el libro con alivio al darme cuenta de que no había más, porque soy de las que no pueden dejar un libro a medias... y una saga tampoco, aunque ya decaiga.

Otro de los detalles que termina chirriando en los dos últimos libros es el repentino deseo de mostrar la sociedad italiana desde todos los puntos de vista, algo que en los dos primeros no pasa. No me refiero a que no deba hacerlo porque no pega con la historia, ni mucho menos, sino que pasa de describir un mundo muy cerrado, muy reducido, a querer abarcar todos los males de Italia en los dos últimos tomos. Claro que en estos dos libros las protagonistas ya son adultas y les afecta más lo que pasa a su alrededor, por lo tanto no deja de tener sentido. Pero como lectora me descolocó bastante, porque hasta entonces no había sido más que un folletín muy bien escrito y de repente se convirtió casi en un panfleto político. 

En resumen: no es para tanto. Son libros bien escritos que cuentan muy bien una historia muy bonita, pero ya. La solapa que recubre los libros anuncia la saga como un clásico moderno, y tampoco es eso. He leído libros mucho mejores que no han recibido ni una mínima parte del bombo que ha recibido este. Pero ya se sabe que una buena campaña y la publicidad hacen milagros...

martes, 24 de enero de 2017

Never Let Me Go (Nunca me abandones), Kazuo Ishiguro


Decir en enero que un libro es el mejor que llevo leído en lo que va de año puede sonar a broma, pero es que me he quedado tan enamorada de esta novela que dudo que vaya a leer muchas más de esta calidad (ya no pido ni que sean mejores, con que se le parezcan me vale). Este es otro libro que cogí sin leer la sinopsis trasera, solo porque me encantó The Remains of the Day (el libro en el que está basada la película Lo que queda del día, con Anthony Hopkins y Emma Thompson) y, al ver el nombre de su autor, lo cogí sin pensar. Creo que a partir de ahora voy a hacer más esto, porque lo cierto es que llevo unos cuantos aciertos que no hubieran sido tales si llego a fiarme de mis gustos.

Nunca me abandones se puede resumir como un libro de recuerdos. Una mujer de treinta años, Kathy, empieza a hablarnos de su pasado en lo que al principio parece un internado y luego nos hace pensar en un orfanato; menciona nombres, eventos, situaciones que ella trata con normalidad pero que a ti te suena extrañas y llegas a pensar que son costumbres británicas que no conoces. Pronto te das cuenta, sin embargo, que lo que tienes delante no es ni mucho menos una novela de costumbres, sino una distopía muy desagradable que Kathy desvela como si fuera lo más normal del mundo. Y es que, claro está, ella habla de su vida, y en su vida todo eso es normal. No desvelo más por no cargarme la sorpresa, porque realmente merece ser descubierta.

Sin embargo, y por mucha distopía que valga, esta novela es, ante todo, una historia de amor, igual que The Remains of the Day (que tratará muy bien otros temas, describe muy bien su entorno y lo que quieras, pero el "macguffin" es la relación entre los protagonistas). Hasta bien entrada la novela no te das cuenta realmente de qué está pasando, de qué te están hablando, y de repente te das cuenta de lo que se avecina, de cómo va a acabar, y te pasas medio libro temiendo terminarlo porque te da miedo acertar y a la vez no puedes dejarlo porque qué bonito es lo que te están contando y cómo lo están contando. Kathy lo narra todo de forma lineal, pero de vez en cuando se detiene y te explica algo que ocurrió dos semanas antes para que puedas entender lo que viene a continuación, o te adelanta información de algo que no ocurrirá hasta mucho más tarde. Ishiguro lo hace de manera que no te das cuenta y es imposible perderte, y le da un toque muy realista a las memorias de su protagonista.

En cuanto termino un libro tengo muy claro si lo voy a guardar en la pila de "relecturas futuras" o en la de "donar o regalar" (que no está necesariamente compuesta de libros malos, sino de libros que "meh", no me han dejado poso). Huelga decir que este ha ido al primer montón, y que su relectura va a ser mucho más inmediata que la de otros libros vecinos. Ishiguro ya era de mis escritores favoritos, pero sinceramente creo que con esta novela se ha superado a sí mismo. 

viernes, 6 de enero de 2017

Cielos de barro, Dulce Chacón


No sé qué me pasa últimamente cuando compro libros, pero a juzgar por las sorpresas que me llevo cuando empiezo a leerlos cualquiera diría que me han tocado en una tómbola en lugar de escogerlos yo. Dos he dejado ya en la estantería pensando "¿qué demonios es esto y por qué lo compré?", y el de Dulce Chacón fue casi el tercero. ¿Un libro sobre la Guerra Civil española? No puede ser, me dije, si no hay tema que más aburrida me tenga y que más evite (por empacho, porque anda que no está pesadito el mundo editorial con ese tema). ¿Me molesté siquiera en leer la contraportada cuando cayó en mis manos? Obviamente no. Creo recordar que iba buscando libros escritos por mujeres, a poder ser españolas, y fue este el que escogí. Oh, well, me dije, vamos a darle una oportunidad. Y no os hacéis una idea de cuánto me alegro.

He de confesar algo que me avergüenza mucho: hasta este libro, no había leído nada de Dulce Chacón. Ni siquiera sabía quién era, ni de dónde, ni de qué pie cojeaba. Después de Cielos de barro, sin embargo, creo que se va a convertir en una de mis escritoras de cabecera. Su manera de contar me enganchó desde la primera página, y su agilidad para combinar dos estilos muy distintos me hipnotizó. Me arrepiento de no haberlo leído con boli y papel a mano, porque esta novela tiene mucho de lo que se puede aprender a la hora de escribir. Va a haber que leerla otra vez.

Cielos de barro empieza con un asesinato. Desde el primer capítulo sabemos que alguien ha matado a alguien, pero, aunque se nos dan los nombres de las víctimas y de los sospechosos, no conseguimos situarnos en la historia. Un policía va al pueblo donde ha ocurrido el asesinato y se pone a hablar con un lugareño ya entrado en años. El hombre empieza a hablarle, sin mucho orden, de la familia a la que pertenecen las víctimas; solo oímos su voz, aunque sabemos que es una conversación por más que el diálogo sea solo de un lado. No sabemos ni qué año ni qué pueblo es, pero lo que el hombre cuenta ya nos interesa. Las víctimas son los señoritos del pueblo; el primer sospechoso, el niño al que se llevaron secuestrado cuando era apenas un niño y que nunca volvió a ver a su familia ni a pisar el pueblo.

El siguiente capítulo, sin embargo, no va de mano del señor Antonio, sino de un narrador omnisciente que nos cuenta la vida de la familia más importante del pueblo. Los capítulos omniscientes y la historia del señor Antonio se van intercalando para darnos una visión de lo sucedido, pero es una visión sesgada y compleja porque no hay señales temporales. Hasta bien entrado el libro no nos damos cuenta (o al menos yo, que igual soy un poco lenta) de que las dos narraciones no son paralelas, que lo que cuentan uno y otro es parte de la misma historia pero no está ordenado. Y Chacón lo hace de tal manera que algo que tenía que ser incomprensible se entiende perfectamente, sobre todo al final, cuando todas las piezas del puzzle encajan y te das cuenta de la pedazo de historia que te ha contado. Una saga familiar con final inesperado.

Para mí, la protagonista absoluta de esta historia es la estructura, que Chacón maneja con maestría. Como alguien a quien le gusta escribir, me pregunto cuántas revisiones tuvo que darle a esta novela, cuántos apuntes al margen, cuántos cuadernos llenos de notas necesitó. Cambios de tiempo, personajes que se llaman igual pero no son los mismos, esa manera de engañar al lector sin engañarlo realmente... Me ha fascinado. Y luego está el lenguaje, elevado sin ser pedante, sin un adjetivo de más, que te dice las cosas tal y como son pero te deja margen para imaginarte cualquier otra. Maravilloso.

Todo lo que pueda decir de esta novela se queda corto. De momento, lo que tengo claro es que necesito leerla otra vez, pero ahora sí, con un cuaderno en la mano para aprender de esta pedazo de maestra, porque tiene mucho que enseñar. Empiezo a hacerme la lista de libros del año y su nombre destaca sobre todos los demás. Va a ser un año muy Dulce, me temo.

(Feliz día de Reyes a los que lo celebréis. Y feliz año, aunque ya voy tarde.)

jueves, 1 de diciembre de 2016

The Noise of Time, Julian Barnes



(This one comes in English again because it's not translated yet.)

I've said it before and I'll say it again: Julian Barnes is one of my favorite authors and he deserves the Nobel Prize more than any living writer (or singer) I know. The way he uses language should be taught in all schools in the UK (which it probably is, but if it's not, it should). Everyone should have the ability to sew a story like Barnes does, seamlessly, flawlessly, taking you to one place to the other without realizing you have moved at all, and most often than not make you smile on the way (not the case in this book, but it usually is).

The Noise of Time is half novel, half biography. It tells the story of Dmitry Dmitrievich Shostakovich,  the most important Soviet composer who lived most of his adult life under the iron rule of Stalin. Judging by what Barnes tells us, his work was unfairly criticized by none other than Stalin because he didn't comply with the demands of the Party, which asked for music for the people, for the masses, for the working class. Stalin, apparently, thought his work too advanced, too formal, "muddle instead of music", and forbade his opera to be performed. Shostakovich lived in fear not only of not being able to work as a composer, but also of being killed by Power. You don't mess with a man like Stalin, and he was so close to him that he even had him on the phone (always according to Barnes, of course).

I knew nothing about Shostakovich, hadn't even heard his name until I started reading the book, but that's not very strange as I know nothing about classical music. The thing that makes this book wonderful is not so much the way Barnes talks about the composer's life, but how he shows us the way people lived in the USSR under Stalin. Shostakovich had one rule: he would never join a party which kills, and was able to maintain that rule until very late in his life (I won't get into details, because you must find out by reading the book). He was a prosecuted man, as were many others, and Barnes is able to put us inside the oppressing atmosphere of a country where the wrong words (even the wrong musical notes) could put you in mortal danger.

Julian Barnes is a comedy genius, as he has demonstrated more than once in his works, but when he puts on a serious face he is even better. There is a longing in his words, as if a spark has gone off, and I'm sure it has to do with the death of his wife, which pushed into a deep depression. But even from the greatest despair he can create magic with his words, and, even though the book is a real "downer" at times, it is worth to swim in this pain if only to share it with Barnes. I really hope he stays with us much, much longer and can present us with more of his works.

sábado, 12 de noviembre de 2016

The Underground Railroad, Colson Whitehead


(Today's entry is in English because this book hasn't been translated yet. You need a good level of English to read it, but it's worth the effort.)

I had never heard of Colson Whitehead until a few months ago. I follow several American literary magazines on Twitter and his name kept coming up in all of them when talking about new and expected releases. The Underground Railroad was an Oprah Book Club choice even before it came out for the general public; it was in all the lists, in all the magazines, in all the articles; it was all the hype. Usually this means I wait a little before I buy it, to see if it's really worth it or is just another best-seller that I'm going to shun once I've read it, but then I started reading about Whitehead, following him on Twitter, seeing what he was interested in. I liked him so much that it became one of those cases in which the author inadvertently speaks loudly in favor of his book, so I finally bought it.

It took about two months for me to get the book, because yes, globalization means you can buy any book printed just about anywhere, but they still get lost, or are out of stock, or who knows what happens; I just know I had to order it twice and waited forever to get it, but it was worth it. The Underground Railroad is a slave narrative; more precisely, it is the story of Cora, who runs away from the plantation where she is enslaved when her owner dies and his brother, much more cruel than him (and that is saying something), takes over. She escapes with Caesar, another slave who takes her along as a symbol of good luck because her mother is the only slave who was able to fly from the Randall plantation without ever being caught again. They use the underground railroad, which Whitehead has reimagined as an actual railroad that crosses the south of the United States below the surface, a huge tunnel that signifies freedom. White station masters help Cora and Caesar and they are able to leave Georgia. Their first stop is North Carolina, where they have a brief taste of what it means to be free, although they are not. Slaves here are still slaves, but are the property of the state. Even though her living conditions have improved tremendously, they can't forget that they are owned. Sterilization experiments are being carried out with the men and women of color, where the subjects either have no idea they are being used or they are forced to do it. Cora and Caesar, who have found a rhythm of life that works for them and would rather stay, start thinking that they have to leave. But that choice is taken away from them: they are being hunted, they are wanted. A slave who runs is never free.

The Underground Railroad is written in a very unsentimental way. Whitehead doesn't linger in the gory details of the punishments the slaves received, he doesn't describe the screams of the people who are being burned alive, or the pain of a beating. He just places in front of us a picture and tells it like it is, as a journalist would. He shows us the white guests drinking tea and enjoying the weather while next to them the smell of burning flesh scared the rest of the slaves. His language is crude, full of racially charged words (I would be curious to see how they translate some of the terms to Spanish, if there is ever a translation), just like it would have been if this book had been written a hundred and fifty or two hundred years ago. The main characters never catch a break, except for that brief period of time in North Carolina and another one almost at the end of the book (no spoilers, don't worry). Cora herself is the shadow of a character, we never see inside her; we know she is going through all types of hell, but she doesn't let out much, we're not able to know her, because she learned from a very young age that people let you down and you can't trust anyone, so why bother.

This is a very uncomfortable book to read, mostly because you know from the beginning that is based on real facts. Outside the USA we've grown up with pictures of the Old South in which we think all the slaves lived like the ones in Gone with the Wind, although that has been changing lately. Black adults singing while they picked cotton almost at their leisure, with little black children running and playing among them; white women in big dresses seating on the porch while perfectly dressed and happy slaves served them lemonade and fanned them. We have absolutely no idea of what the reality was like; I found myself looking for a white person in the book who wasn't evil, but boy was it hard! White people were afraid of the slaves because there were too many of them. What would happen if they revolt? What will happen when they revolt? I've read this book while the American election was going on, and a strange feeling of déjà vu kept crawling into my reading. Low income whites against blacks? Rich white men trying to control the lives and reproductive rights of black women? It sounded too familiar to be fiction.

All in all, a great read. It won't be the last slave narrative I read (I think this time I'm going to try real slave accounts), but I need some time to recover. I think the next book I read will be something light and funny, like, I don't know, a Stephen King horror story. It will be less scary than this one.

jueves, 3 de noviembre de 2016

The Handmaid's Tale (El cuento de la criada), Margaret Atwood


Este es otro de los libros que tuve la suerte de poder leer en la carrera de filología inglesa. Tuvimos como asignatura "Literatura canadiense", y gracias a ella descubrí a varias autoras que pronto se convirtieron en favoritas. The Handmaid's Tale atrapa desde el primer momento, desde la primera página, pero no es un libro que se lea rápido. Al menos yo lo he bajado en más de una ocasión, la cabeza a punto de explotar con imágenes y sensaciones que, aunque distópicas (creo que acabo de inventarme una palabra), parecen no solo reales sino posibles.

La novela nos describe una sociedad futura y a la vez pasada. Futura, porque era el futuro de Margaret Atwood cuando escribió la novela, pero, a diferencia de distopías que se dan décadas o siglos más tarde que el momento real de la escritura, en este caso apenas se adelantó unos años en el futuro. Esta sociedad, situada en lo que antes era conocido como Estados Unidos, acaba de nacer; en ella, las mujeres han perdido todos sus derechos y han sido divididas dependiendo de su capacidad reproductiva y su estatus social. Están las Esposas, cuyo único objetivo en la vida es ser "mujer de", asegurarse de que el servicio haga bien sus tareas y hacer eternas bufandas (eso las clases altas: las Econoesposas tienen que hacerlo todo ellas, y hasta en la ropa se las distingue). Están las Martas, las cocineras y criadas de toda la vida. Y están las Doncellas: mujeres que aún son fértiles pero cometieron algún tipo de "pecado" en su vida pasada (antes de fundarse la nueva sociedad), como divorciarse o tener hijos fuera del matrimonio. Su labor es procrear para los Comandantes y sus Esposas, tener hijos que darles y así, con suerte, no ser enviadas a las Colonias, donde la esperanza de vida nunca es superior a tres años. Este nuevo mundo se llama Gilead y está en guerra con los infieles, o sea, cualquiera que no piense como ellos o profese la religión que a ellos les parece adecuada. Todos las leyes de la nueva república tienen carácter retroactivo, y todo aquel que haya llevado a cabo un aborto, o se haya divorciado, o haya siquiera vendido revistas eróticas tiene que purgar sus crímenes. La Pared está siempre llena de cuerpos sin vida expuestos para que todo el mundo entienda que nadie puede escapar. Hay Ojos por todas partes. A las Doncellas ni siquiera se las permite hablar entre ellas.

La historia está escrita con una maestría tal del tiempo narrativo y entremezcla tantas historias que resumirla aquí me da hasta vergüenza. Offred, a través de cuya voz escuchamos sus vivencias, busca la manera de no volverse loca, de salir de su situación, de recuperar a su hija y a su pareja, a quien cree muerto. En ningún momento da su nombre real y es muy consciente de que no es la primera Offred de esa casa por un mensaje que ha encontrado (Offred: of Fred. De Fred, propiedad de su Comandante). Su esperanza de salir de la situación en la que se encuentra es mínima, pero te mantiene pegada a la página, porque no puedes creer que una persona haya perdido tanto. El capítulo final, una especie de epílogo que aclara cualquier duda que nos pudiera quedar sobre Gilead, es terrorífico: Gilead duró muchos años después de que la historia de Offred terminara.

Me gustan leer este tipo de libros en los que el mundo parece llegar a su fin, sobre todo porque pienso que eso nunca podrá pasar, que la gente de la calle se levantará y no lo permitirá. Pero entonces veo las noticias, o leo la última ley injusta que nos están colando por la escuadra, y me planteo que quizás Orwell, Atwood o Huxley eran (son) en realidad unos visionarios a quien deberíamos hacer más caso. Demasiadas de las cosas que se cuentan en este libro me parecen posibles ya.